Si hablamos de escaleras,
Por preferir, prefiero las de ascenso, aquellas
sólidamente construidas
con los anhelos de los enemigos.
En las más antiguas, su crujido de lamento añejo
eriza la piel,
como un recuerdo lujurioso.
Si hablamos de homicidios,
Por preferir, prefiero los bienintencionados,
los cargados de razones,
y los que perpetran los amigos.
Los que saben más dulces,
sin duda,
son los de más larga elaboración.
Si hablamos de relaciones,
Por preferir, prefiero las más fiables,
aquellas que nacen ya,
con un puñal y un cronómetro.
Lo predecible, no por sabido, duele menos. Únicamente reconforta reconocer que uno tenía razón. Aunque a menudo preferimos equivocarnos.
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