Es el alba del nuevo mundo. Aparecen los guardianes bien pertrechados. Los San Pedros.
Una mirada fría, educada en una doctrina incógnita. Una altura de gigantes.
Los ya nacidos antes del advenimiento, corremos agitados de un lado a otro. Ninguna certeza de atravesar el portal. Para nosotros las marcas con las que escriben los serafines en nuestra piel, en nuestro ánimo, en nuestra intención, son invisibles.
De un lado la llama. Del otro la promesa.
Hay agrupaciones, ejércitos de mendicantes...Todos claman por su derecho al purgatorio.
Está asomando la luna, la brisa trae el aliento de los jazmines.
Seguiré por aquí.

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